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COFFEE MONSTERS

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Cuando entras en Coffee Hackers, lo primero que te recibe no son premios ni certificaciones enmarcadas, sino una pandilla de criaturas cafeinadas que te observan desde las paredes con ojos saltones y sonrisas traviesas. Son los Coffee Monsters, la familia de monstruos ilustrados que Violeta, nuestra ilustradora residente, ha ido poblando en cada rincón del espacio.

Arte con cafeína en las venas

Violeta comenzó dibujando un pequeño monstruo peludo junto a la máquina de espresso, uno con seis brazos que sostenía simultáneamente un portafiltro, un temporizador y una jarra de leche. Desde entonces, la familia no ha parado de crecer. Cada Coffee Monster tiene su propia personalidad cafeinada: está el que vibra literalmente después del tercer espresso, el que abraza su taza con devoción casi religiosa, y nuestro favorito, el que se transforma de gruñón a sonriente con el primer sorbo de la mañana.

Especialidad sin pretensiones

Estos monstruos representan exactamente lo que queremos ser: un espacio donde la calidad del café de especialidad convive con el sentido del humor y la cercanía. Porque seamos honestos, el mundo del café specialty a veces se toma demasiado en serio. Nosotros tostamos en pequeños lotes, controlamos perfiles de tueste al milímetro, seleccionamos orígenes con obsesión… pero eso no significa que no podamos reírnos de nuestra propia adicción a la cafeína.

Los Coffee Monsters se han convertido en la identidad visual del local, ese elemento que hace que Coffee Hackers sea reconocible y memorable. Los clientes vienen a fotografiarlos, los niños los buscan como si fuera un juego de encontrar personajes escondidos, y más de uno nos ha confesado que se identifica completamente con el monstruo del lunes por la mañana.

El lado lúdico de la especialidad

Violeta sigue añadiendo nuevos habitantes a este universo paralelo. Cada temporada aparece alguno nuevo, generalmente inspirado en situaciones reales del día a día en la barra. El último representa ese momento exacto cuando el aroma del café recién molido te golpea las fosas nasales: un monstruo literalmente flotando en el aire, arrastrado por ondas aromáticas.

Porque al final, el café de especialidad debería ser esto: pasión sin poses, calidad sin distancias, y la certeza de que puedes servir un Ethiopia natural con notas a frutos rojos perfectamente extraído mientras un monstruo morado te guiña un ojo desde la pared.